Chile tiene el mejor diseño de Open Finance de LATAM. Le falta la arquitectura.

Chile tiene el mejor diseño de Open Finance de LATAM. Le falta la arquitectura.

 

 

El relato simple no alcanza 

 

Cuando la CMF confirmó en junio de 2026 la postergación del Sistema de Finanzas Abiertas de julio de 2026 a julio de 2027, el titular que circuló fue predecible: Chile se atrasa un año en Open Finance. 

Es un titular que cuenta la mitad de la historia. 

La otra mitad es que Chile tiene, junto con Brasil, el marco regulatorio más completo de América Latina: sandbox regulatorio propio, siete categorías de servicios financieros tecnológicos ya definidas por ley, y una Norma de Carácter General —la NCG N°514— que cuando entre en vigencia va a regular no un sistema sino una industria entera. Eso no es un retraso de diseño. Es un retraso de ejecución, y la diferencia importa mucho para cualquier institución financiera que esté decidiendo cuándo y cuánto invertir en prepararse. 

Un país con mal diseño regulatorio es una apuesta riesgosa, porque las reglas pueden cambiar de fondo. Un país con buen diseño y ejecución demorada, como Chile hoy, es lo opuesto: las reglas ya están escritas, lo único incierto es exactamente cuándo se van a aplicar. Eso convierte la espera en una decisión más cómoda. Pero no necesariamente más inteligente. 

 

Lo que la postergación realmente dice 

 

La CMF no postergó el SFA porque el proyecto fracasó. Lo postergó después de recibir más de 400 comentarios de 32 entidades durante la consulta pública, y lo que hizo junto con la nueva fecha lo dice todo: sumó un Anexo N°3 con especificaciones técnicas de interoperabilidad, un portal del desarrollador, y ambientes de prueba previos a la entrada en vigencia. 

Eso no es ganar tiempo en abstracto. Es reconocer que faltaban piezas técnicas concretas para que el sistema funcionara en la práctica y no solo en el papel. La postergación fue, en ese sentido, una señal de madurez regulatoria, no de debilidad: el regulador eligió hacerlo bien antes que hacerlo rápido. 

Para las instituciones que tienen que implementar, eso significa algo muy concreto: hay un año adicional disponible para construir con anticipación en lugar de bajo presión. La pregunta es si lo van a usar. 

 

Los datos que incomodan 

 

El Mapa Fintech Chile 2026 —elaborado por FinteChile y EY sobre 557 soluciones fintech operando en el país— contiene dos números que deberían llamar la atención de cualquier banco, aseguradora o cooperativa que lee este documento. 

El primero: apenas el 3% de la inversión del ecosistema fintech chileno va hoy a cumplimiento regulatorio. Es el ítem más bajo de los seis que mide el estudio, incluso con el SFA entrando en vigencia en poco más de un año. Eso no significa necesariamente que las fintech vayan a incumplir la norma. Significa que la mayoría está eligiendo resolver el cumplimiento de forma reactiva, cuando la obligación ya esté encima, en lugar de usar el tiempo disponible ahora para construir con ventaja. 

El segundo número es estructuralmente más profundo: apenas el 1,8% del ecosistema tiene como tecnología principal el acceso programático vía APIs para que terceros construyan encima. Que es exactamente la lógica que el SFA busca masificar. Casi un tercio del ecosistema sigue construyendo, ante todo, aplicaciones que el usuario final ve y toca directamente, incluso en empresas B2B. Open Finance como vertical tiene solo cinco empresas registradas en el mapa, con el SFA a un año de entrar en vigencia. 

La lectura es clara: la regulación puede estar avanzada en el papel sin que exista todavía un mercado de proveedores ni una arquitectura técnica construida sobre ella. Chile tiene el diseño. Le falta la arquitectura. 

 

El ecosistema que sí maduró 

 

Lo que sí maduró en Chile es el ecosistema en sí. Las 557 fintech activas crecieron a una tasa compuesta del 16,7% entre 2021 y 2026, con una mortalidad de apenas el 6,3%. No es un ecosistema debilitado: es uno que pasó de premiar el volumen a premiar la eficiencia, la misma transición que se observó en México y Colombia un par de años antes. 

El 46,3% de las fintech chilenas ya tiene alianzas activas con instituciones tradicionales, y los bancos concentran el 48% de esas alianzas. El 52% del ecosistema ya opera fuera de Chile. La relación entre fintech e incumbentes en Chile no es de disrupción pura: es de colaboración como estrategia de escalamiento dominante, especialmente en Lending e Insurtech, las verticales donde el riesgo regulatorio y la confianza del cliente pesan más. 

Todo eso habla de un mercado que sabe cómo construir relaciones y cómo crecer con eficiencia. Lo que todavía no incorporó a esa lógica es la arquitectura técnica que el Open Finance requiere. 

 

El problema no es de fechas, es de arquitectura 

 

Las instituciones del Grupo 1 —bancos, emisores de tarjetas, compañías de seguros— tienen hasta julio de 2027. Las del Grupo 2 —cooperativas, administradoras de fondos, cajas de compensación— tienen 18 meses adicionales después de esa fecha. En términos de urgencia percibida, muchas están actuando como si la obligación fuera lejana. En términos de lo que hay que construir, no lo es. 

Las instituciones que llegan a la obligatoriedad trabajando ya con estándares abiertos —APIs, modelos de consentimiento, infraestructura cloud-native, protocolos como OAuth 2.0 o FAPI— llegan con ventaja competitiva real, no con un costo de última hora bajo presión regulatoria. Las que esperan a que la norma entre en vigencia para empezar a diseñar esa arquitectura van a construir bajo presión de fecha límite, con margen casi nulo para pensar en casos de uso propios más allá del cumplimiento mínimo exigido. 

La ventana sigue abierta. Pero no para siempre, y cada mes que pasa sin decisión de arquitectura es un mes menos de ventaja frente a quien ya empezó. 

La pregunta que vale la pena hacerse hoy no es cuándo va a obligar la regulación. Es qué se puede construir con Open Finance antes de que lo haga.

Open Finance en Chile: La Ventana Antes de la Obligación

Open Finance en Chile: La Ventana Antes de la Obligación

 

Chile tiene hoy 557 soluciones fintech operando en su territorio, un marco regulatorio considerado el más completo de América Latina junto con Brasil, y el Sistema de Finanzas Abiertas postergado a julio de 2027.

Ese año adicional no es un obstáculo. Es una ventana.

En este whitepaper analizamos el estado real del ecosistema financiero chileno: los datos del Mapa Fintech Chile 2026, la línea de tiempo regulatoria del SFA, la comparativa regional, y lo que significa para bancos, aseguradoras y cooperativas que todavía están decidiendo cuándo empezar a construir.

La regulación ya está escrita. La arquitectura, en la mayoría de las instituciones, todavía no.

 

Finanzas sin Fronteras: por qué Open Finance en LATAM no es una tendencia, es una decisión estratégica

Finanzas sin Fronteras: por qué Open Finance en LATAM no es una tendencia, es una decisión estratégica

 

La pregunta que casi nadie se hace correctamente 

 

Cuando una institución financiera en LATAM empieza a hablar de Open Finance, la conversación suele abrirse con la misma pregunta: ¿cuándo nos va a obligar la regulación y cuánto va a costar cumplir? 

 Es una pregunta comprensible. Los equipos de compliance y tecnología necesitan planificar y presupuestar. Pero es, casi siempre, la pregunta equivocada. 

 Las instituciones que se enfocan en ella llegan exactamente donde esa pregunta las lleva: al mínimo cumplimiento regulatorio, sin ninguna ventaja competitiva real. Construyen lo que la regulación exige, en el tiempo que la regulación impone, y terminan adaptándose a un ecosistema que otros ya diseñaron. 

 La pregunta correcta es otra: ¿qué podemos construir con Open Finance que antes era imposible? 

 Esta distinción (entre ver Open Finance como obligación o como infraestructura estratégica) es la que separa a las instituciones que van a liderar la transformación financiera en LATAM de las que van a reaccionar ante ella. 

 

 

El mapa regulatorio: dónde está cada país y qué implica 

 

 

LATAM no es un mercado uniforme en materia de Open Finance. Cada país está en una etapa diferente, con implicaciones distintas para las instituciones que operan en la región. 

 Brasil lidera con claridad: lleva más de cinco años de implementación con datos de cuentas, tarjetas, seguros, divisas, inversiones, pensiones y pagos. El ecosistema brasileño ya produce casos de uso concretos y medibles. Nubank utilizó datos de Open Finance para ahorrar a sus clientes R$8 millones en intereses en diez meses. Mercado Pago otorgó crédito a más de 30.000 personas, de las cuales el 53% considera que el acceso a sus datos financieros a través de Open Finance fue esencial para obtenerlo. 

 Colombia implementó su regulación en 2025 con participación voluntaria, pero la obligatoriedad para bancos entra en vigencia en 2026. Chile publicó su reglamento en 2023 con una hoja de ruta que se extiende hasta 2028. Argentina anunció la creación del ecosistema en 2025 y está definiendo la regulación ahora mismo. México tiene la Ley Fintech desde 2018. Perú y Uruguay están en etapas iniciales de planificación. 

 Lo que el mapa muestra es que la ventana de early mover está en momentos muy diferentes según el mercado. En Brasil ya cerró. En Colombia se está cerrando. En Argentina, Chile y México todavía está abierta. Las instituciones que actúen antes de que la regulación los obligue no solo van a cumplir: van a participar en la definición de los estándares, las integraciones y los modelos de negocio que van a gobernar el ecosistema financiero de la región durante la próxima década. 

 

 

Lo que Open Finance hace posible que antes era imposible 

 

 Open Finance no es una evolución del home banking. Es un cambio de modelo: el paso de ecosistemas cerrados donde las instituciones controlan la información, a economías abiertas donde los datos fluyen de forma segura entre bancos, aseguradoras, fondos de inversión, fintechs y otros participantes autorizados, con el consentimiento explícito del cliente. 

 Eso habilita modelos de negocio que antes no existían: 

  • Banking as a Service: cualquier empresa puede ofrecer productos bancarios. Los bancos se convierten en plataformas B2B que proveen infraestructura financiera a terceros. 
  • Embedded Finance: crédito, seguro y pagos integrados directamente en el retailer, el marketplace o el e-commerce, sin que el cliente tenga que salir de la experiencia que ya está usando. 
  • Data Marketplace: los datos financieros anonimizados se convierten en un activo comercial. Scoring alternativo, insights de comportamiento, analítica predictiva. Inclusión financiera para segmentos que el modelo tradicional no alcanzaba. 
  • RegTech integrado: APIs para AML, KYC y detección de fraude que convierten la regulación en ventaja competitiva para las instituciones más ágiles. 

 Cada uno de estos modelos requiere una base tecnológica que no se construye en semanas. Requiere APIs bien diseñadas, plataformas de consentimiento robustas, arquitecturas que soporten el intercambio seguro de datos entre múltiples actores, y equipos que entiendan tanto la regulación local como los estándares internacionales. 

 

 

Los tres pilares que hay que resolver al mismo tiempo 

 

La implementación de Open Finance no es un proyecto de tecnología. Es una transformación que exige alinear tres pilares simultáneamente: 

 Tecnología y datos: ¿cuál es la arquitectura de APIs? ¿Qué estructura de gobierno hace falta? ¿Los datos internos tienen la calidad suficiente para ser compartidos con garantías? Sin una base tecnológica sólida, el resto no escala. 

  • Estrategia: ¿cuál es el modelo de negocio? ¿Cuáles son las fuentes de ingreso en un ecosistema abierto? ¿Cómo se posiciona la institución frente a fintechs y bigtechs que van a aprovechar el mismo ecosistema? La estrategia define para qué se usa la tecnología. 
  • Producto y servicio: ¿a qué clientes apuntamos? ¿Cuál es la propuesta de valor concreta? Open Finance solo genera impacto si se traduce en productos que el cliente elige usar. 

Y debajo de los tres: cultura. La capacidad de compartir datos, de colaborar con terceros, de repensar la propuesta de valor desde cero, no se instala con una plataforma. Requiere una organización dispuesta a cambiar cómo crea valor. 

 

 

El momento es ahora 

 

Las organizaciones que actúen durante esta ventana no solo van a cumplir con las regulaciones que vengan. Van a capturar nuevas fuentes de ingreso mediante la monetización de APIs. Van a fidelizar clientes con experiencias personalizadas que un modelo cerrado no puede ofrecer. Van a reducir costos operativos a través de eficiencias de ecosistema. Y van a acumular datos, experiencia y ventaja competitiva que se compone con el tiempo. 

 Las que esperen van a llegar a un ecosistema que otros ya diseñaron. Y adaptarse a las reglas de un juego que no definiste siempre es más caro y más lento que haberlo jugado desde el principio. 

 La conversación correcta no empieza con ‘¿cuándo nos obliga la regulación?’. Empieza con ‘¿qué podemos construir ahora que antes era imposible?’. Y esa conversación puede comenzar hoy. 

 

IA en las empresas: mucha ambición, poca ejecución

IA en las empresas: mucha ambición, poca ejecución

 

“La brecha entre lo que las empresas quieren hacer con IA y lo que realmente tienen en producción es más grande de lo que casi nadie admite. Y la tecnología no tiene nada que ver con eso.” 

 

Si le preguntás a cualquier líder empresarial en 2026 si la IA es una prioridad, la respuesta es casi siempre sí. El 92% de las empresas planea aumentar su inversión en los próximos tres años. El 34% de los CEOs la identifica como su principal tema estratégico, desplazando a la transformación digital después de décadas en el tope de la agenda. 

Pero los números reales cuentan otra historia. 

Solo el 1% de las empresas tiene IA verdaderamente integrada en sus operaciones. Menos del 10% de los casos de uso desplegados supera la fase piloto. Según IDC, el 88% de los proof-of-concepts nunca llega a producción. 

Esa es la tensión que define al mundo empresarial en 2026: enorme ambición, ejecución modesta. Entender por qué existe esa brecha —y cómo cerrarla— es la pregunta que más debería estar ocupando a los líderes tecnológicos hoy. 

 

La trampa del piloto 

 

El problema no es que las empresas no arrancan con IA. Es que no terminan. 

El 60% sigue invirtiendo principalmente en pilotos, y desde 2023 solo 1 de cada 4 iniciativas entregó el ROI esperado. El patrón se repite: un proof-of-concept prometedor, buena energía inicial, una demo que funciona, y después un frenazo cuando hay que pasar a producción. 

Las causas casi nunca son técnicas. El 70% de las organizaciones descubre que su infraestructura de datos tiene problemas de fondo recién después de lanzar iniciativas ambiciosas, unos seis meses adentro, cuando los sistemas no aguantan las cargas reales. 

La tecnología funciona. La organización no está lista. 

 

Qué tienen en común los que sí lo logran 

 

La investigación es bastante clara sobre qué separa a las empresas que generan valor real con IA de las que acumulan proyectos abandonados. 

Las organizaciones de alto desempeño tienen casi tres veces más chances de haber rediseñado sus flujos de trabajo desde cero. No le agregan IA a los procesos existentes: repiensan el proceso en función de lo que la IA puede hacer. Parece una diferencia sutil, pero en la práctica es lo que separa un chatbot que responde preguntas frecuentes de un agente que resuelve un problema de cliente de principio a fin. 

McKinsey también señala que el 65% de estas organizaciones tiene definidos sus procesos de human-in-the-loop, contra solo el 23% del resto. La gobernanza no frena el deployment: es lo que lo hace sostenible. Y el liderazgo importa más de lo que se suele reconocer: el 33% de los high performers tiene ejecutivos senior conduciendo activamente la adopción, no delegándola a IT. 

 

El giro agentic sube la apuesta

 

Mientras la mayoría de las empresas todavía lidia con GenAI básico, la frontera ya se movió. Para fines de 2026, el 40% de las aplicaciones empresariales va a incluir AI agents específicos por tarea, según Gartner. El 79% de las organizaciones ya los usa en alguna medida, el 66% reporta mejoras de productividad medibles y el 62% espera un ROI superior al 100%. 

Pero los mismos problemas que traban el deployment básico se amplifican en el mundo agentic. Para 2027, las organizaciones sin datos de calidad podrían sufrir una pérdida de productividad del 15% al intentar escalar. Los cimientos importan más a medida que los sistemas ganan autonomía. 

 

El problema de gobernanza que pocos quieren mirar

 

Hay algo en los datos que no recibe suficiente atención: con un 25% de adopción de AI agents, los costos de desarrollo podrían subir un 16% y los de gobernanza, más de un 34%. 

Desplegar agentes sin infraestructura de gobernanza no solo genera riesgo: genera costos. Gasto de infraestructura fuera de control, agentes que actúan por fuera de los límites definidos, decisiones que no pueden auditarse. No son casos extremos — son las razones más comunes por las que los proyectos se cancelan después de una inversión importante. 

Las empresas que ganen con IA agentic serán las que la traten como un programa de cambio, no como un rollout tecnológico. Eso implica definir gobernanza, observabilidad y resultados de negocio concretos antes de escribir la primera línea de código. 

 

La ventana está abierta, pero no para siempre 

 

Las organizaciones que desarrollan capacidades agenticas temprano acumulan ventajas en datos, experiencia y procesos que se consolidan con el tiempo y son cada vez más difíciles de replicar. 

Las que están ganando no son necesariamente las que más invierten. Son las que combinan capacidad técnica con disciplina en la ejecución: ciclos cortos, checkpoints medibles y la madurez organizacional para pasar del piloto a producción sin perder el impulso. 

La brecha entre ambición y ejecución en IA no es un problema tecnológico. Es un problema de delivery. Y en 2026, esa distinción importa más que nunca. 

 

En Huenei acompañamos a las empresas a cerrar esa brecha: desde la estrategia hasta la IA en producción, con el proceso ágil y el modelo de gobernanza para que se sostenga en el tiempo.

De la prueba de concepto a la producción: el estado real de los agentes de IA en 2026

De la prueba de concepto a la producción: el estado real de los agentes de IA en 2026

Las organizaciones que están ganando no están evaluando si implementar agentes de IA. Ya los tienen corriendo en producción y están midiendo cuántos procesos críticos todavía no tienen uno.

Este whitepaper analiza dónde está el mercado hoy, qué arquitecturas funcionan, cuáles son las industrias donde el retorno es más documentado, y por qué la mayoría de los proyectos no llegan a producción.

 

 

En este informe vas a encontrar:

  • Por qué 2026 es el año en que los agentes de IA pasaron de experimento a infraestructura
  • El impacto real en healthcare, seguros y servicios financieros
  • Las cuatro arquitecturas que dominan en producción y cuándo usar cada una
  • Un modelo de madurez para saber exactamente en qué punto está tu organización
  • Cómo construimos y operamos agentes en producción — incluyendo los nuestros