IA en las empresas: mucha ambición, poca ejecución

IA en las empresas: mucha ambición, poca ejecución

 

“La brecha entre lo que las empresas quieren hacer con IA y lo que realmente tienen en producción es más grande de lo que casi nadie admite. Y la tecnología no tiene nada que ver con eso.” 

 

Si le preguntás a cualquier líder empresarial en 2026 si la IA es una prioridad, la respuesta es casi siempre sí. El 92% de las empresas planea aumentar su inversión en los próximos tres años. El 34% de los CEOs la identifica como su principal tema estratégico, desplazando a la transformación digital después de décadas en el tope de la agenda. 

Pero los números reales cuentan otra historia. 

Solo el 1% de las empresas tiene IA verdaderamente integrada en sus operaciones. Menos del 10% de los casos de uso desplegados supera la fase piloto. Según IDC, el 88% de los proof-of-concepts nunca llega a producción. 

Esa es la tensión que define al mundo empresarial en 2026: enorme ambición, ejecución modesta. Entender por qué existe esa brecha —y cómo cerrarla— es la pregunta que más debería estar ocupando a los líderes tecnológicos hoy. 

 

La trampa del piloto 

 

El problema no es que las empresas no arrancan con IA. Es que no terminan. 

El 60% sigue invirtiendo principalmente en pilotos, y desde 2023 solo 1 de cada 4 iniciativas entregó el ROI esperado. El patrón se repite: un proof-of-concept prometedor, buena energía inicial, una demo que funciona, y después un frenazo cuando hay que pasar a producción. 

Las causas casi nunca son técnicas. El 70% de las organizaciones descubre que su infraestructura de datos tiene problemas de fondo recién después de lanzar iniciativas ambiciosas, unos seis meses adentro, cuando los sistemas no aguantan las cargas reales. 

La tecnología funciona. La organización no está lista. 

 

Qué tienen en común los que sí lo logran 

 

La investigación es bastante clara sobre qué separa a las empresas que generan valor real con IA de las que acumulan proyectos abandonados. 

Las organizaciones de alto desempeño tienen casi tres veces más chances de haber rediseñado sus flujos de trabajo desde cero. No le agregan IA a los procesos existentes: repiensan el proceso en función de lo que la IA puede hacer. Parece una diferencia sutil, pero en la práctica es lo que separa un chatbot que responde preguntas frecuentes de un agente que resuelve un problema de cliente de principio a fin. 

McKinsey también señala que el 65% de estas organizaciones tiene definidos sus procesos de human-in-the-loop, contra solo el 23% del resto. La gobernanza no frena el deployment: es lo que lo hace sostenible. Y el liderazgo importa más de lo que se suele reconocer: el 33% de los high performers tiene ejecutivos senior conduciendo activamente la adopción, no delegándola a IT. 

 

El giro agentic sube la apuesta

 

Mientras la mayoría de las empresas todavía lidia con GenAI básico, la frontera ya se movió. Para fines de 2026, el 40% de las aplicaciones empresariales va a incluir AI agents específicos por tarea, según Gartner. El 79% de las organizaciones ya los usa en alguna medida, el 66% reporta mejoras de productividad medibles y el 62% espera un ROI superior al 100%. 

Pero los mismos problemas que traban el deployment básico se amplifican en el mundo agentic. Para 2027, las organizaciones sin datos de calidad podrían sufrir una pérdida de productividad del 15% al intentar escalar. Los cimientos importan más a medida que los sistemas ganan autonomía. 

 

El problema de gobernanza que pocos quieren mirar

 

Hay algo en los datos que no recibe suficiente atención: con un 25% de adopción de AI agents, los costos de desarrollo podrían subir un 16% y los de gobernanza, más de un 34%. 

Desplegar agentes sin infraestructura de gobernanza no solo genera riesgo: genera costos. Gasto de infraestructura fuera de control, agentes que actúan por fuera de los límites definidos, decisiones que no pueden auditarse. No son casos extremos — son las razones más comunes por las que los proyectos se cancelan después de una inversión importante. 

Las empresas que ganen con IA agentic serán las que la traten como un programa de cambio, no como un rollout tecnológico. Eso implica definir gobernanza, observabilidad y resultados de negocio concretos antes de escribir la primera línea de código. 

 

La ventana está abierta, pero no para siempre 

 

Las organizaciones que desarrollan capacidades agenticas temprano acumulan ventajas en datos, experiencia y procesos que se consolidan con el tiempo y son cada vez más difíciles de replicar. 

Las que están ganando no son necesariamente las que más invierten. Son las que combinan capacidad técnica con disciplina en la ejecución: ciclos cortos, checkpoints medibles y la madurez organizacional para pasar del piloto a producción sin perder el impulso. 

La brecha entre ambición y ejecución en IA no es un problema tecnológico. Es un problema de delivery. Y en 2026, esa distinción importa más que nunca. 

 

En Huenei acompañamos a las empresas a cerrar esa brecha: desde la estrategia hasta la IA en producción, con el proceso ágil y el modelo de gobernanza para que se sostenga en el tiempo.

De la prueba de concepto a la producción: el estado real de los agentes de IA en 2026

De la prueba de concepto a la producción: el estado real de los agentes de IA en 2026

Las organizaciones que están ganando no están evaluando si implementar agentes de IA. Ya los tienen corriendo en producción y están midiendo cuántos procesos críticos todavía no tienen uno.

Este whitepaper analiza dónde está el mercado hoy, qué arquitecturas funcionan, cuáles son las industrias donde el retorno es más documentado, y por qué la mayoría de los proyectos no llegan a producción.

 

 

En este informe vas a encontrar:

  • Por qué 2026 es el año en que los agentes de IA pasaron de experimento a infraestructura
  • El impacto real en healthcare, seguros y servicios financieros
  • Las cuatro arquitecturas que dominan en producción y cuándo usar cada una
  • Un modelo de madurez para saber exactamente en qué punto está tu organización
  • Cómo construimos y operamos agentes en producción — incluyendo los nuestros

 

Por qué el nearshoring desde LATAM no es la ‘opción económica’ y cómo calcularlo bien

Por qué el nearshoring desde LATAM no es la ‘opción económica’ y cómo calcularlo bien

 

Una guía para entender el costo total real de trabajar con equipos de desarrollo distribuidos, y por qué la zona horaria vale más de lo que parece. 

 Cuando una empresa en Estados Unidos evalúa un equipo de desarrollo externo, el primer número que mira es la tarifa por hora. Es comprensible, es lo más fácil de comparar. India puede ofrecer tarifas que son la mitad o un tercio de lo que cobra LATAM. En ese spreadsheet simple, India gana. 

El problema es que ese spreadsheet está incompleto. 

 

El TCO no es la tarifa por hora 

 

El Costo Total de Propiedad de un equipo de desarrollo incluye variables que rara vez aparecen en la propuesta inicial: tiempo de onboarding, overhead de comunicación, retrabajo generado por malentendidos, rotación del equipo y el costo de supervisión adicional que el cliente termina absorbiendo. 

Un equipo de India puede tener una tarifa un 40% más baja y aun así resultar más caro en proyectos de mediana y alta complejidad cuando se suman todos esos factores. No porque no sean buenos, sino porque trabajan mientras el cliente duerme, en una cultura de comunicación distinta, con una o dos horas de superposición horaria diaria como máximo. 

Eso no es un detalle operativo. Es una desventaja estructural que se acumula sprint a sprint. 

 

La zona horaria como ventaja real 

 

Los equipos de LATAM trabajan en tiempo real con clientes en la costa este, central y oeste de Estados Unidos. Eso significa que cuando surge un bloqueo en el sprint del martes, se resuelve el mismo martes — no el miércoles después del standup en Bangalore. 

Parece una diferencia pequeña. Multiplicada por 50 semanas al año, es la diferencia entre un proyecto que termina en tiempo y uno que se arrastra tres meses más de lo previsto. 

McKinsey documentó que los problemas de coordinación y comunicación son responsables de hasta el 20% de los retrasos en proyectos de software distribuido. La zona horaria no es un beneficio blando. Tiene un impacto directo en el time to market. 

 

Cultura: lo que no se puede especificar en un contrato 

 

Hay algo que los números no capturan del todo: la proactividad. Un equipo que trabaja en un contexto culturalmente alineado levanta la mano cuando hay un problema, propone alternativas cuando un requerimiento no tiene sentido y cuestiona una decisión técnica cuando hay una mejor opción. 

Eso no es un activo blando. Es lo que distingue a un proveedor de un partner. Y es mucho más común en equipos latinoamericanos trabajando con empresas americanas que en modelos offshore tradicionales donde la relación se gestiona a través de capas de account managers. 

 

IA madura en el proceso: el diferencial que no se puede copiar rápido 

 

Hay un componente que en los últimos dos años cambió significativamente la ecuación del nearshoring: la integración real de IA en el ciclo de desarrollo. 

No hablamos de usar GitHub Copilot para autocompletar código. Hablamos de IA integrada en todo el SDLC: investigación, diseño de arquitectura, generación de tests, revisión de código y documentación automática. Equipos que llevan más de dos años construyendo ese proceso y tienen las métricas para demostrarlo. 

En Huenei, ese proceso tiene números concretos: el 60% de las pantallas de un módulo se entregan en menos de seis horas usando Figma y Cursor. Integraciones de APIs en cuatro pasos con enfoque mock-first. Tests unitarios desde la primera iteración. Y un dashboard de calidad compartido con el cliente — actualizado dos o tres veces por día — con métricas en tiempo real de Code Coverage, Code Quality, Seguridad y Productividad. 

Ningún proveedor offshore de bajo costo puede replicar eso sin sacrificar su única ventaja competitiva: el precio. 

 

La POC como argumento definitivo 

 

La mejor forma de terminar con el debate teórico sobre nearshoring es simple: proponer una POC de cuatro a seis semanas con criterios de éxito claros. Sin compromiso de escala, sin contrato largo. 

En ese tiempo, el cliente puede evaluar algo que ningún pitch deck puede demostrar: velocidad de comunicación, calidad real del código, madurez del proceso y fit cultural. Si los números dan, la conversación sobre escala tiene una base sólida. Si no dan, ambas partes lo saben antes de invertir meses. 

Eso requiere confianza de ambos lados. Y es exactamente el tipo de relación que vale la pena construir. 

 

El mercado EEUU como señal 

 

En los últimos cinco años, el revenue de Huenei proveniente de clientes en Estados Unidos creció del 10% al 26% del total y se triplicó en términos absolutos. Eso no es una proyección de slides: es el resultado de un modelo que funciona, probado en proyectos reales en Healthcare, Finanzas y Tecnología. 

Una entidad legal en EEUU desde 2019, presencia en siete países de LATAM, certificaciones ISO 9001, 27001 y 45001, y modelos de engagement flexibles — squad dedicado, staffing, llave en mano — son la infraestructura que convierte la propuesta en algo concreto para el cliente americano. 

 

La pregunta correcta 

 

La próxima vez que evalúes un proveedor de desarrollo externo, no empieces por la tarifa por hora. Empezá por esto: ¿tienen IA madura en su proceso de desarrollo, con métricas compartidas en tiempo real? ¿Trabajan en mi zona horaria? ¿Puedo hablar directamente con el equipo técnico? 

Si la respuesta a las tres es sí, el precio se convierte en el factor menos importante de la conversación. 

¿Querés ver cómo trabajamos? Hablemos. 

 

Open Finance en LATAM

Open Finance en LATAM

El sistema financiero en América Latina está atravesando una transformación profunda. 

 

Lo que comenzó como una exigencia regulatoria en algunos mercados se está consolidando como una oportunidad estratégica: dar a los clientes el control sobre sus datos financieros.

Este whitepaper explora cómo el modelo Open Finance impulsa el paso de ecosistemas cerrados hacia economías abiertas, donde la información fluye de forma segura entre múltiples actores. Analiza el estado de avance en la región, los desafíos que enfrentan las instituciones y los modelos de negocio que comienzan a emerger.

Más allá del cumplimiento, el foco está en entender cómo este cambio redefine la forma en que las organizaciones crean valor, diseñan productos y construyen relaciones con sus clientes.

 

 

El costo oculto de los sistemas legacy: no es el mantenimiento

El costo oculto de los sistemas legacy: no es el mantenimiento

 

Cuando se habla de sistemas legacy, la conversación casi siempre empieza por los costos de mantenimiento. Frameworks obsoletos, soporte caro y la dificultad creciente para encontrar talento especializado suelen ser las primeras preocupaciones. 

Sin embargo, en la práctica, esos no son los factores que más frenan a las organizaciones. 

El verdadero costo de los sistemas legacy no está en mantenerlos operativos, sino en todo lo que le impiden hacer al negocio. Con el tiempo, estos entornos empiezan a condicionar cómo se toman decisiones, qué tan rápido pueden avanzar los equipos y cuánto riesgo está dispuesta a asumir la organización al introducir cambios.  

 

Legacy como limitante en la toma de decisiones 

 

En muchas empresas, las plataformas legacy siguen siendo el corazón de la operación. Son estables, están profundamente integradas y, en muchos casos, son críticas para el negocio. Pero esa misma estabilidad suele venir acompañada de una pérdida de flexibilidad. 

A medida que los sistemas se vuelven más difíciles de entender, cada cambio introduce incertidumbre. Las dependencias no siempre son claras, la documentación suele estar desactualizada y la cobertura de testing no alcanza para garantizar cambios seguros. 

En ese contexto, incluso modificaciones pequeñas requieren análisis extensos. Los equipos se vuelven más conservadores en sus estimaciones, los ciclos de entrega se alargan y los roadmaps empiezan a reflejar las limitaciones del sistema más que las prioridades del negocio. 

El sistema deja de ser solo un soporte y pasa a ser un factor que condiciona la velocidad de evolución. 

 

El problema de visibilidad detrás de la deuda técnica 

 

La deuda técnica suele explicarse en términos de calidad de código, pero en muchos entornos legacy el problema de fondo es otro: la falta de visibilidad sobre cómo funciona realmente el sistema. 

La documentación rara vez refleja el estado actual. Los diagramas de arquitectura existen, pero no se actualizan después de años de cambios incrementales. La lógica de negocio está distribuida entre módulos, servicios y capas de datos, lo que dificulta seguir su trazabilidad. 

Como consecuencia, los equipos no pueden anticipar fácilmente cómo un cambio impacta en otras partes del sistema. Los flujos de datos no se entienden completamente y los edge cases aparecen tarde, cuando ya es más costoso resolverlos. 

En este contexto, la modernización no empieza transformando. Empieza reconstruyendo el entendimiento del sistema. 

 

Por qué empezar por un rewrite no funciona 

 

Frente a esta complejidad, muchas organizaciones optan por una reescritura completa. La lógica es clara: empezar de cero para eliminar la complejidad acumulada y construir una arquitectura moderna. 

En la práctica, esto introduce nuevos riesgos. 

Si no se entiende bien cómo se comporta el sistema actual, es muy probable que se trasladen supuestos incorrectos a la nueva solución. Se pueden perder reglas de negocio críticas o generar inconsistencias entre el sistema legacy y el nuevo. 

Además, a medida que aparecen dependencias ocultas, el alcance del proyecto crece. Esto impacta en los tiempos, en los costos y en la presión sobre los equipos. 

En lugar de resolver la incertidumbre, los rewrites a gran escala suelen desplazarla a otra fase del proyecto. 

 

Entender antes de cambiar 

 

Una modernización efectiva sigue otro orden. 

No empieza reescribiendo. Empieza entendiendo. 

Antes de tomar decisiones arquitectónicas, los equipos necesitan recuperar visibilidad sobre el sistema: cómo interactúan los componentes, cómo fluyen los datos y dónde están los puntos de mayor riesgo. 

Tradicionalmente, este análisis depende de trabajo manual. Los equipos revisan código, siguen ejecuciones y reconstruyen el comportamiento del sistema. En entornos complejos, esto lleva tiempo y es difícil de sostener a medida que el sistema evoluciona. 

 

Dónde cambia el juego con IA 

 

La incorporación de IA en este proceso cambia el punto de partida. 

Aplicando IA al análisis de código y a la exploración del sistema, es posible acelerar significativamente el entendimiento de entornos legacy. Se pueden detectar patrones, mapear dependencias y generar documentación alineada con el estado actual del sistema. 

Esto no reemplaza el criterio técnico. Pero sí reduce el tiempo necesario para alcanzarlo. 

Con mayor visibilidad, las decisiones mejoran. El análisis de impacto es más preciso, la planificación más realista y la refactorización se puede hacer de forma controlada. 

En este contexto, la IA no es solo una herramienta de productividad. Es un habilitador de claridad. 

 

De limitante a capacidad 

 

Cuando esa claridad aparece, el rol del sistema legacy cambia. 

Deja de ser un obstáculo y pasa a ser un sistema que puede evolucionar. 

La modernización ya no depende de transformaciones grandes y riesgosas. Se puede abordar de forma incremental, priorizando componentes críticos o de mayor impacto. 

Al mismo tiempo, el testing automatizado y la validación continua permiten asegurar que los cambios se comporten como se espera, reduciendo regresiones y manteniendo la estabilidad. 

Esto permite avanzar de forma sostenida sin comprometer la operación, que suele ser una de las principales preocupaciones en estos entornos. 

 

El impacto real de reducir la incertidumbre 

 

Cuando la modernización se aborda desde la visibilidad, los beneficios no son solo técnicos. 

Las organizaciones empiezan a mejorar la velocidad de entrega, la precisión en las estimaciones y la confianza al liberar cambios en producción. 

Esto se traduce en mayor productividad, menor esfuerzo en iniciativas de modernización y ciclos de entrega más predecibles. 

No es solo que se desarrolla más rápido.
Se desarrolla con mayor control. 

 

Conclusión 

 

El costo oculto de los sistemas legacy no es el mantenimiento. 

Es la pérdida progresiva de velocidad, confianza y claridad en cómo se gestionan los cambios. 

Cuando los sistemas no se entienden completamente, las decisiones se ralentizan, el riesgo aumenta y la capacidad de evolucionar se reduce. 

La modernización empieza a ser efectiva cuando se resuelve esa incertidumbre. 

Al recuperar visibilidad y abordar la evolución de forma controlada, las organizaciones pueden transformar sus sistemas legacy en una base sólida para el cambio continuo.